Tatá

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“¿No podéis columpiaros como los demás niños? Os vais a matar!!!! Pericos, que sois un os pericos!!!!!”

Así, unas veces entre lágrimas y otras entre risas, como la vida va acompañada de la muerte, fueron los recuerdos contados por amigos y familiares en estos días. Cosas parecidas recordaba días atrás sola, normalmente en estas largas noches en las que no podía dejar de pensar en ella y todo lo que últimamente me mantiene insomne. Tenía y tengo claro como quiero que sea su recuerdo. Estos últimos meses sobraban, y sé que las imágenes que me vendrán dentro de poco serán la del “perico” rubio y extremadamente delgado que jugaba conmigo en la huerta. La rubia pre-adolescente con la que intercambiaba ropa, la que más y mejor saltaba a la comba, la que me fascinaba porque iba a Inglaterra cuando yo tenía miedo a perderme por Oviedo. La que a pesar del tiempo que podía transcurrir ya en la madurez de nuestras vidas entre un encuentro y el otro, la conversación se mantenía como continuación de la hablada un día antes.

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Nuestras vidas tan paralelas en la infancia fueron cada vez más diferentes al ir pasando los años, pero el cariño nunca disminuyó. Cuando dejé de volar por los aires tirándome a los brazos de Alfredo (que más de una vez se llevó un buen susto por cogerlo desprevenido), pasé a colgarme a su lado de los árboles de nuestra querida huerta, mientras Ana nos esperaba en tierra firme preparando “la comidita”.   Luego pasamos a ir a bailar a El Parke… los primeros ligues… primeras confidencias…

Cuando los años y algún que otro problemilla me impidió hacerlo físicamente, llegó la fotografía para enseñarme a volar de otra manera. Y ahí vino ella a ser mi más ferviente admiradora. Tanto creyó en mí que me regaló una colección de fascículos fotográficos al que curiosamente le faltaba el número 11. No tuvo la menor duda: “Está claro que falta ése porque será el que se dedique a ti (nací un 11 de noviembre)”

Cualquier entrada a blog o pequeña nota de prensa sobre mí, tenían respuesta rápida con su firma, siempre alentadora y de felicitación. Cuando éstas empezaron a hacerse de rogar o venían de la mano de un pequeño whats supe que la cuenta atrás comenzaba ya en serio.

La última vez que entré al laboratorio fue para positivar una fotografía suya, y la última vez que la vi tenía en su cama los recortes de prensa sobre mí… “al final he tenido que conocer tu estudio por el periódico…”

Una hora dulce, alegre y amarga, extraña sensación que me queda, feliz de haber podido estar, triste de saber que sería la última.

“Me prestó mucho verte Tati…”, suave beso en la frente “ A mí también me prestó mucho”

La imagino con Ana preparando la comidita a nuestros padres que las estaban esperando para protegerlas y hacerles más fácil la estancia… y deseo que haya un árbol muy alto para que lo subamos cuando volvamos a encontrarnos.

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