¿Cuanto hay de verdad o de mentira en una fotografía?

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¿Cuanto hay de verdad y de mentira en una foto? Cuanto de intencionalidad, de suerte, de preparación, de técnica, astucia o “saber hacer” del fotógrafo? ¿Cuantas veces al ver el resultado final nos sorprende al encontrarnos con más de lo buscado? Aunque normalmente hay más en una foto de lo que se ve a simple vista, está claro que la intencionalidad del fotógrafo ante una situación y la capacidad de reacción del observador de la imagen, pueden llevar a dos realidades muy diferentes.

En fotografía, en muchas ocasiones, que la realidad del fotógrafo y del observador no sea la misma, no tiene porqué ser un problema. Si la imagen llega como una historia que al observador le vale, y el autor de la imagen está conforme con el resultado de la misma es suficiente. Ambos contentos.

¿Pero que ocurre cuando esto mismo sucede en las relaciones personales? cuando no hay imágenes reales ni ficticias, cuando no hay un observador objetivo que narre o relate los hechos fehacientemente… entonces las cosas se complican; los sentimientos pasan a formar parte subjetiva de la narración dándole la forma que ellos se imaginan, siempre según el ánimo, situación y capacidad de comprensión de sujeto en el  momento del hecho. En este caso, cualquier intento de explicación sólo hace aún menos creíble una realidad.

Llega entonces el momento de curarnos las heridas provocadas por nuestros propios errores, mientras intentamos seguir haciendo fotos que puedan llegar a ser entendidas… o no

 

 

 

 

Texto e Imagen: Marta Areces

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